Esta situación les quita tiempo para pensar, reflexionar, tomarle el pulso a la realidad, reunirse espontáneamente para crear y buscar soluciones para convivir en esta “maqueta” de la sociedad que es el aula. Aquí llegan todos los logros, crisis, frustraciones de cada niño o niña, de cada familia y sobre ese “piso de abajo” debemos construir el día a día. Se pide que eduquen, que consuelen, que comprendan, que orienten, que se comprometan, que se den cuenta de todo, que transmitan buenos valores, que sean excelentes en todos los terrenos. ¿Qué más? Hay que ser como Mary Poppins: “prácticamente perfectos”.
La música, y la enseñanza artística en general, no están demasiado reconocidas como disciplinas altamente educativas y formativas, y aún hoy siguen siendo “las Cenicientas” del currículo. A pesar de ello, muchos señores y señoras que deciden, saben que son áreas realmente importantes para el desarrollo de la expresión, de la imaginación, de la coordinación, de la socialización y de muchas otras.
La juventud y la futura ciudadanía están perdiendo sensibilidad en todos los aspectos.
Pocas veces el profesorado piensa en lo importante que es la música para las personas, y en la fuerza que contienen los sonidos y las palabras. ¿Qué significa la música? ¿Cómo podemos sentirnos representados en una canción a través de las palabras de otro? Esa misma empatía es la que nos lleva a emocionarnos ante determinados tipos de música. Esa es la empatía que se necesita para reabrir el canal de comunicación y reconocernos en las emociones del otro.
Sentirse representado por algo propio y compartido, como en este caso por una música que es importante para las familias y para los chicos, o por el hecho de “existir” en un libro que es de todos, puede parecer una nimiedad, cierto que se abre perspectivas de comunicación desde la música propia y no sólo desde “la música de lata”, a cuyos dictados todos acatamos.
Si ese tesoro musical afectivo “sale de una maleta”, cobra una importancia especial cuando se desembala, tiene el perfume del recuerdo y el de la añoranza.
Si ese tesoro musical afectivo “sale de una maleta”, cobra una importancia especial cuando se desembala, tiene el perfume del recuerdo y el de la añoranza.
Este diálogo a través de canciones del “botiquín afectivo musical de cada uno”, o a través de cualquier actividad de participación real, es un paso adelante en la mutua comprensión entre las personas y las culturas.
Lo que han significado para los niños y jóvenes de aquellos años, que ahora somos más maduritos nos entran nostalgia y dedico unos minutos a ello.
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